
Obama parece estar arrasando a nivel mediático, especialmente (como es lógico) allá donde el voto demócrata está más concentrado. Las calles de Nueva York parecen estos días un spot publicitario constante, donde el candidato afro-americano es el único futuro presidente que pueden elegir los ciudadanos. el júbilo se ha desatado, en todas partes la gente cuelga carteles de sus propios valcones con la leyenda "Obama for President" o simplemente "Barack Obama" junto a la enseña nacional.
Vaya por delante que a priori me alegra que Obama sea el favorito y, en principio, le prefiero a su adversario, heredero de Bush y el republicanismo ultra-conservador. Pero pensándolo mejor ¿Por qué voy a preferirle? A parte de criticar a George W. Bush, ¿ha explicado este candidato su programa? ¿Conoce alguien algún eslogan que no sea "Obama presidente"? ¿Tenemos alguna pista sobre las decisiones que va a tomar si llega a la presidencia? Dice que gobernará de forma diferente a Bush, pero ¿gobernará de forma diferente a McCain?
La actual etapa "democrática" es denominada por muchos "democracia de audiencia" o "de opinión publica", porque el peso de la gobernabilidad no recae sobre el programa político ni la estructura organizativa global de el(los) partido(s) sino en el Super-Lider mediático: secretario general, número uno de la lista, presidente del partido, voz cantante, rostro en el cartel.
Es un modelo menos democrático que el anterior, en el que lo importante era cómo la estructura del partido lograba consensuar un programa político que EL PARTIDO defendía: se votaba a las siglas, al programa, independientemente de la cúpula poderosa que tuviera el partido (fruto de una necesaria burocratización del mismo). La aparición de los medios de comunicación de masas y el desarrollo de sistemas partidistas más "encorsetados" dilapidaron el desarrollo democrático en favor de un regreso a un sistema más personalista, corporativista,"marketinizado" y hasta caciquil si se quiere.
Los ciudadanos, desde entonces, con poca afiliación política o sindical, rara vez votan por convicción en un programa político. Votan a aquel líder que les inspira mayor confianza, el que parece menos ladrón de los dos, el que aparentemente miente menos, el que resulta más simpático, atractivo, el que conecta con uno, el que es "de los míos".
Para colmo, si hiciéramos una encuesta para saber cómo se posicionan ideológicamente los europeos de 0 a 10 (de extrema izquierda a extrema derecha) obtendríamos seguramente este gráfico:

Vemos que la respuesta más frecuente es el puro centro: los que no se consideran ni de izquierdas ni de derechas. Sin embargo, no son mayoría. Hay más ciudadanos de izquierdas y de derechas, pero su voto está decidido y dividido entre unos cuantos partidos que representan (más o menos) sus opiniones.
Ergo, ganará el partido que logre llevarse sus "votos fijos" más un gran bocado de los votos de esa "mayoría" de centro.
Ergo, la culpa de que los partidos de centro, tan parecidos entre sí nos gobiernen con discursos huecos y sin programa, es de una ciudadanía adecuadamente adoctrinada en la no radicalización: el resultado de unas elecciónes lo decide una minoría despreocupada que elige al candidato que mejor le cae.
Pero es que además cuando estamos hablando del gobierno de los EUA, estamos hablando de nuestro propio gobierno, en la medida en que sus decisiones van a tener consecuencias (graves, por lo general) sobre nosotros mismos. Y mucho me temo que Barck McCain cambiará pocas cosas: la economía estadounidense depende en gran medida de la guerra por los constantes problemas de acumulación, y un trato ligeramente más diplomático en política exterior no va a cambiar nada en el actual panorama de poder absoluto de las grandes multinacionales.
Lo óptimo sería tal vez que los resultados de la anterior encuesta nos dieran como resultado un gráfico en forma de M de McDonald's: con mayoría de ciudadanos de centro-izquierda y mayoría de centro-derecha, pero ninguno de "centro indeciso", con lo que, a la postre dejaríamos de hablar de centro, y contaríamos con una ciudadanía plenamente dispuesta a tomar decisiones, a cambiar cosas.
Pero eso, según nos han explicado, es muy peligroso.
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