Breve ensayo sobre la globalización

Podemos definir la globalización de forma sencilla pero muy concisa y significativa como aquel proceso de transnacionalización de los “flujos sociales” que se caracteriza por estar: obligado económicamente, permitido políticamente, y posibilitado tecnológicamente, y que en términos generales, tiene lugar en un contexto de hegemonía mundial de los Estados Unidos de Norteamérica.


Analicemos la definición más despacio, pues encontraremos en ella los principales problemas que nos plantea, así como su significado verdadero, más allá de la definición enciclopédica:


  1. Es un PROCESO: En efecto, no es un hecho aislado; no es un suceso concreto; no es el crack del 29, ni la crisis del petróleo de principios de los 70 (hablaremos de esto más adelante), ni el atentado contra el World Trade Center. Es un proceso, y como tal, ni ha terminado, ni es inamovible (o sea, puede detenerse). No sabemos con exactitud dónde terminará o cuándo se detendrá, ni sabemos si dará marcha atrás o no. Pero podemos contemplar todas las posibilidades mencionadas o supuestas.

  1. Es un proceso de TRANSNACIONALIZACIÓN: Transnacionalización o mundialización, pero no internacionalización. Es decir, es un proceso con carácter des-nacionalizador, donde determinados elementos de la construcción nacional-estatal, especialmente el elemento fronterizo, tienden a evaporarse. El proceso, por tanto, impregna a los estados, los asume, los absorbe, pero no los integra. No nace de un acuerdo multilateral mundial entre estados; no es la ONU, ni la SDN. Al respecto tenemos un ejemplo claro: el poder político democrático de determinados estados queda transformado en papel mojado ante las decisiones de un desconocido y enigmático “poder superior”, transnacional, sobre el que los ciudadanos no toman decisiones.

  1. Transnacionalización de los FLUJOS SOCIALES: Entendemos por flujos sociales, siguiendo un modelo aristotélico de análisis, los 4 elementos “naturales” que dan origen a lo que llamamos sociedad: la economía (división del trabajo, en términos primitivos), la política (la toma de decisiones, o mejor, la “parte encargada de definir, expresar y articular los comportamientos colectivos de obligado cumplimiento”), el lenguaje normativo (la Ley, pero también los demás códigos compartidos) y la cultura (o para ser más exactos, la religión[1], en el sentido secular, si cabe, de la palabra). Todo ello queda cada vez más supeditado a ese gran poder transnacional.

  1. Es ECONÓMICAMENTE OBLIGATORIO: En 1944/45, en Breton Woods, se crean una serie de agentes económicos mundiales que dictan cómo deben actuar los países desarrollados para salvaguardar la estabilidad económica del planeta. Se crean el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el GATT (ahora Organización Mundial del Comercio), y se acuerda: la exclusividad de las autoridades eonómicas para emitir moneda, siempre respaldada por el oro de Fort Knox; la paridad de todas las monedas con el Dólar Estadounidense, dentro de unos márgenes fijos; y se obliga a la ecuación keynesiana según la cual el ahorro nacional es siempre igual a la inversión nacional, fijándose tipos de interés muy bajos, y siendo obligatorio mantener el ahorro nacional dentro del país (la no evaporación de capitales nacionales hacia el exterior).

Pero los problemas de acumulación capitalista surgen pronto: a principios de la década de los 70, estos valores keynesianos de institucionalización del capitalismo, parecen no servir: alguien ha estado poniendo en marcha la máquina de fabricar billetes a escondidas, permitiendo a los norteamericanos un nivel de vida por encima de sus posibilidades reales de crecimiento económico, debido a la hegemonía Estadounidense y del dólar en las citadas autoridades económicas y monetarias.

La subida de precio del petróleo, el agotamiento del modelo productivo de las dos décadas anteriores, la guerra de Vietnam, y las presiones sindicales (tirando de los sueldos al alza en un tiempo de pleno empleo y fuerte afiliación), “obligan” al “pobre” Nixon a declarar la NO CONVERTIBILIDAD DEL DÓLAR EN ORO.

A partir de entonces, las economías dependientes[2] empiezan a sufrir deuda externa, y las autoridades económicas destierran a Keynes para dar la bienvenida al monetarismo de Friedman y otros. El resultado es el Consenso de Washington, mediante el cual se insta a todo el mundo occidental (desarrollado, se entiende) a promover las privatizaciones contra la inutilidad del Estado, la liberalización y apertura de fronteras y la desregulación laboral. Sobre las consecuencias de esto hablaremos más adelante.

  1. Ha sido PERMITIDO POLÍTICAMENTE: Esto es, NADIE en el radio de acción de la hegemonía estadounidense ha puesto grandes reparos al proceso. Toda disidencia se encuentra, o bien en el lado “sur”, el lado dependiente sin voz ni voto, o bien es adecuadamente silenciado.

  1. Está POSIBILITADO TECNOLÓGICAMENTE: como es obvio, el desarrollo a gran escala de las telecomunicaciones y el perfeccionamiento de los transportes (especialmente los aéreos) han posibilitado esta globalización, igual que la imprenta y el ferrocarril lo hicieron anteriormente. Lo más destacable de la situación actual, es la facilidad absoluta para el movimiento de capitales: la banca virtual e internet permiten grandes movimientos instantáneos de capital a nivel internacional.

  1. Tiene lugar en un contexto de HEGEMONÍA DE LOS E.U.A.: Más allá de lo expuesto en el punto 4, hallamos aquí una de las fisuras del proceso… la hegemonía estadounidense está siendo fuertemente dañada desde la última década, por la aparición de fuerte competencia comercial y monetaria con la U.E, Japón y China; por la fuerte competencia política-hegemónica con Rusia (una vez más), y las potencias árabes; por la creciente aparición de disidentes: Latinoamérica, Oriente Próximo, etc; Y por la caída en picado de la hegemonía militar: el síndrome de Vietnam se repite en cada contienda emprendida por el ejército más grande del mundo. La primera potencia no deja de contar bajas, y encima no suma ninguna victoria clara y contundente que sea relevante.

Tenemos, por tanto el siguiente panorama: Unas autoridades económicas al servicio de los grandes capitales de las naciones más poderosas, capitaneadas por los EUA, toman las decisiones importantes de la economía mundial con el beneplácito de los países amigos.


Además, estas decisiones están DIRECTAMENTE relacionadas con el problema de la deuda externa en los países dependientes, lo que no solo no ha ayudado a paliar el hambre y la pobreza, si no que ha multiplicado el problema de forma exponencial, habiéndose producido la práctica desaparición del continente africano y una fuerte regresión económica en Latinoamérica y parte del extremo-oriente.


También se está observando un retroceso democrático a nivel mundial: de un lado, la capacidad de tomar decisiones de los ciudadanos, lo decíamos antes, ha quedado terriblemente mermada: instituciones no representativas de la voluntad popular toman hoy las decisiones que más afectan al devenir de la vida pública. Por otro lado, el proceso es en sí mismo un retorno al liberalismo económico más salvaje, en detrimento de importantísimas conquistas sociales (derechos laborales, poder adquisitivo de los asalariados, redistribución de la renta, servicios públicos de calidad, etc.).


La opinión pública mundial se está mostrando tibia frente al problema ya que la invasión de una cultura favorable a la globalización se está produciendo de manera sutil y distante: los medios de comunicación, en manos de grandes capitales (interesados en el proceso que analizamos), ofrecen una imagen de un mundo (el occidental, lo llaman) lleno de avances tecnológicos a disposición de todos, comodidades inimaginables hace poco y un ocio consecuentemente macdonalizado y disneyzado, frente a un mundo (el subdesarrollado, nos dicen) lleno de odio, hambre, y miserias, fruto de la no participación en el tren del progreso occidental, debido a unos líderes políticos terriblemente nefastos o a unas huestes populares radicales y estúpidas. Los problemas del primer mundo (precarización del empleo, precarización de los bienes de consumo, precarización de la cultura, precarización del entretenimiento, precarización de todo) se nos presentan como consecuencia de no haber terminado de avanzar, de no habernos librado totalmente de nuestro propio subdesarrollo. El mensaje es tan simple y televisivo que funciona (casi) a la perfección.


Los éxitos del movimiento altermundista como la paralización total de la reunión de poderosos en Seattle en el año 1999, o su incansable lista de originales propuestas realizables, realistas, positivas y democráticas, han pasado de causar sorpresa en el seno de las familias europeas y americanas, a quedar cada vez más ignoradas. Pero no por ello está perdiendo fuerza un movimiento que convence fácilmente a la mayoría de ciudadanos, por mucho que se lo criminalice.


Por otro lado, podemos vislumbrar el final de un proceso que no está contentando ni siquiera a todos los ricos y poderosos: en tiempo de crisis, siempre es mejor echar mano de las recomendaciones de Keynes y acudir al Estado para que nos ampare. El enriquecimiento económico en pleno liberalismo, al fin y al cabo, no está exento de ciertos riesgos que algunos no están dispuestos a asumir.


Es más que probable, por tanto, que veamos no muy tarde un cierto retorno al intervencionismo estatal. Para entonces, demasiados ciudadanos estarán cansados (como lo están ya) de la tomadura de pelo más anti-democrática que se ha vivido en mucho tiempo. La tomadura de pelo de los “expertos economistas” que nos dicen cuándo alegrarnos del un crecimiento económico sin consecuencias para la mayoría de ciudadanos y cuándo apretarnos el cinturón por las recesiones obligadas e inevitables. La tomadura de pelo de las normativas extra-nacionales contra las que no hay nada que hacer. La tomadura de pelo de la guerra preventiva. La tomadura de pelo del “Trabaja y Consume” que nos han tatuado en el cerebro. La tomadura de pelo de que no hay otro mundo posible.



[1] Religión de “Re-ligar”, como fin último de la sociedad, la superación del miedo a la muerte, la necesidad de trascendencia…

[2] Sistemas con un rol periférico de producción de materias primas con bajo valor agregado, en tanto que las decisiones fundamentales se adoptan en los países centrales, a los que se ha asignado la producción industrial de alto valor agregado.

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