La Crisis.
El actual gobierno engañó a diestro y siniestro en la pasada campaña electoral, al prometer determinadas medidas sociales (como el pleno empleo) que de sobra sabía que no iba a cumplir.
La actual crisis se materializa en una pérdida de poder adquisitivo de los asalariados, aumento del paro (y el riesgo de inestabilidad laboral), tremenda presión hipotecaria, y quiebra de algunas pequeñas y medianas empresas.
Por su parte, las grandes empresas no están sufriendo más que un leve repunte en sus tasas de ganancia.
En cuarto lugar, sabemos que los gobiernos del mundo (con el yankee a la cabeza, claro está), están dispuestos a salvar a cualquier gigante económico cuyo desplome sea un riesgo para la economía en general, aunque sea a costa del dinero d elos contribuyentes en grandes cantidades.
Ante esto pueden hacerse varias reflexiones:
El gobierno ha dicho que no va a amparar a determinadas inmo-constructoras que se han forrado y ahora se vienen a pique ¿seguirá mintiendo, o será verdad?
Y, si se viene a pique, pongamos... Repsol ¿ayudará el gobierno gastandose todo el presupuesto, ante el riesgo de un hundimiento de la economía?
Si tanto quiere el gobierno mantener la cosa, y tan grave es la siuación de determinadas empresas ¿no es mejor dejar esas empresas bajo control ciudadano? ¿No es mejor asumir la deuda como deuda pública? En lugar de "comprar" las dos grandes hipotecarias, el gobierno estadounidense, valorando la gravedad de la situación , puede hacer uso de su poder legítimo (ese que no tiene ninguna empresa, pues sus accionistas y directivos no representan al pueblo) y NACIONALIZAR el sector. Pero las leyes norteamericanas están hechas para proteger por encima de todo la propiedad privada, aunque sea en contra del bien común.
Otra cosa es lo que dice nuestro ordenamiento interno: la Constitución dice que la proviedad privada es un derecho inalienable, siempre que no contravenga el interés común. Esto es, si es una necesidad imperante que las vías del AVE pasen por en medio de sus tierras, usted está obligado a darle esa parte de sus tierras al gobierno, aunque éste le compense económicamente.
Si en lugar de tratarse del AVE, se trata de la posibilidad de que vayamos a morir todos de hambre (todos no, algunos tienen la vida muy bien arreglada), ¿no es lícito hacerse con el control público de la economía? ¿De las hipotecarias? ¿De las Cajas?
A riesgo de ser expulsados de la U.E, no creo que llegue el día en que el gobierno español nacionalice por las bravas nada. Pero desde luego, es la solución más sencilla, más eficaz, y menos injusta.
Teoría del Desarrollo Capitalista. Capítulo VIII La Naturaleza de las Crisis Capitalistas.
En una forma de producción simple, que A tenga un motivo para no comprar a B, genera que B ya no vende su producto, y no puede obtener lo que quiere de C, y así sucesivamente: hay sobreproducción de mercancías e insatisfacción de necesidades. Pero se trata de un caso bastante improbable, siempre que el origen no sea una causa totalmente ajena. La Ley de Say confirma esto, y de hecho aplica el teorema a todo sistema económico, dando como resultado la falsa tesis de que una crisis y la sobreproducción son imposibles en cualquier circunstancia.
Aceptando la Ley de Say como lo hicieron los economistas clásicos, es comprensible porqué no se dedicó nunca demasiado esfuerzo en explicar las crisis. El propio Ricardo aceptaba este principio.
Pero Marx advertía que la venta de una mercancía no lleva implícita la compra de otra. La introducción del dinero convierte el proceso M-D-M en un 2 transacciones separadas y distintas. Y si se vende pero no se compra, se produce una crisis de sobreproducción.
La forma de circulación M-D-M lleva, de todos modos, implícito, el hecho de la producción destinada al consumo. Se produce algo, se desea otra mercancía con mayor valor de uso, y se produce el cambio, y por ello es improbable la crisis, pero D-MD’ es completamente diferente: tanto D como D’ carecen de valor de uso. El capitalismo es producción para obtener riqueza, y esto explica su carácter proclive a la crisis y la sobreproducción (Nótese que M-D-M no desaparece en el sistema capitalista: el obrero cambia su fuerza de trabajo por dinero, y éste por una mercancía con mayor valor de uso para él).
Pues bien, las causas de la improbable crisis en el sistema simple se tornan en reales en el capitalismo: cualquier interrupción en el proceso de circulación, o retención del poder de compra respecto del mercado, inicia una contracción del proceso de circulación que desemboca en una sobreproducción de mercancías que no tienen salida al mercado, lo que generará un descenso de la productividad. El detonante, que antes no encontrábamos, es siempre cualquier cosa que afecte a la plusvalía, todo lo que ponga en riesgo la capacidad del capitalista de aumentar su inversión inicial, lo que provoca inmediatamente la retirada de D de la circulación.
Puede suceder que el crecimiento de D (la tasa de ganancia) sea igual a 0, o incluso sea negativo, con lo que el capitalista retira D de la circulación, no compra, y se produce la crisis. Pero este caso es difícil y se suele dar cuan ya se está en una depresión, no como causante de la crisis.
El segundo ejemplo consiste en un descenso en la tasa de ganancia. Si este es lo bastante amplio como para no permitir al capitalista una suficiente acumulación de capital (o sea, está por debajo de “lo normal”), entonces el capitalista empieza a reducir sus operaciones (Se invierte en otra industria, por ejemplo, o se pospone la inversión para un momento más adecuado), lo cual, rotundamente, sí puede provocar una crisis. En este caso, la crisis forma parte del proceso de restitución de la tasa de la ganancia.
Resumiendo, la crisis capitalista consiste en una interrupción del proceso de circulación provocada por un descenso en la tasa de ganancia más allá de su nivel ordinario. Existen crisis relacionadas con la tendencia descendente de la tasa de la ganancia (si esta tendencia llega a un límite demasiado bajo), y crisis de realización, que consisten en un déficit generalizado en la demanda por causas que se analizan más adelante en el libro, y que provocan una caída de la tasa de ganancia suficiente para la crisis.
Teoría del Desarrollo Capitalista. Capítulo VI La Tendencia descendente de la Tasa de la Ganancia
Con la anterior fórmula de la ganancia g = p’ (1-o) descubrimos que aumentando o disminuye g. Por tanto parece que existe una tendencia generalizada de g a caer. Aunque los efectos en p’ (la tasa de plusvalía) pueden ayudar a balancear lo anterior.
Esto demostraba para Marx que había algo interno en el capitalismo que se oponía a su desarrollo indefinido.
Existen 6 causas contrarrestantes que anulan la ley general de la tasa descendente de la ganancia convirtiéndola en tan sólo una leve tendencia. 5 sirven para mantener baja la composición orgánica del capital o para elevar la tasa de plsvalía. La sexta no se analiza en este capítulo, y tiene que ver con una reconstrucción de la propia formula de la tasa de la ganancia.
1- Abaratamiento de los elementos del capital constante. Se explica porque el aumento de la composición orgánica del capital en forma de máquinas provoca un aumento de la productividad más elevado que el propio descenso por el lado del gasto en capital constante.
2- Aumento de la intensidad de explotación. Esto es, un estiramiento o aceleración de la jornada de trabajo, produciéndose el trabajo necesario en menos tiempo, y produciéndose el consecuente aumento de la plusvalía.
3- Depresión de los salarios más abajo de su valor. O sea, la tendencia del capitalista a mantener una política de salarios agresiva en su propio beneficio.
4- Sobrepoblación Relativa. Lo explicado anteriormente sobre el “ejército de reserva”.
5- Comercio Exterior. El abaratamiento de costes al comprar a un precio más barato que en el mismo mercado donde se vende.
El propio Marx suele aceptar que el principio de la productividad ascendente lleva consigo una tasa más alta de la plusvalía. Y, de hecho, podemos aceptar fácilmente que en realidad la composición orgánica del capital y la tasa de plusvalía son variables, con lo que la dirección en que la tasa de ganancia va a cambiar es indeterminada. Sólo sabemos que ésta bajará si el aumento en la tasa de la plusvalía es menor que el descenso en la proporción de la composición orgánica.
Existen adicionalmente otras fuerzas que influyen deprimiendo o elevando la tasa de la ganancia, de las cuales se destacan 6:
1- Sindicatos. A tenor de la competencia con el ejército de reserva los salarios se mantendrían siempre en su punto más bajo posible. La respuesta es la organización en sindicatos, con los que los obreros velan por su bienestar, causando una influencia negativa en la tasa d eganancia.
2- Acción del Estado en Beneficio de los trabajadores. Todas las políticas sociales desarrolladas por los estados, en gran medida por la existencia de sindicatos y partidos obreros presionando en esta dirección, generan también determinadas oportunidades a la clase obrera en forma de protección legal (seguro obligatorio, jornada laboral máxima, etc…). Los efectos son milares a los del punto anterior.
3- Organizaciones Patronales. Actúan para mejorar la posición contractual del capital frente al trabajo, por lo que ejercen una influencia ascendente en la tasa de ganancia.
4- Exportación del Capital. Impide que la acumulación provoque todo su efecto regresivo sobre la tasa de ganancia.
5- Formación de Monopolios. Estos elevan la tasa de ganancia del capitalista e inclusa la tasa de la ganancia general.
6- Acción del Estado en beneficio del capital. Por ejemplo, mediante las tarifas protectoras.
Teoría del Desarrollo Capitalista. Capítulo V La Acumulación y el Ejercicio de Reserva
Se parte del supuesto de que existen 2 ramas productivas: medios de producción (I) y bienes de consumo (II), y a su vez éstos en bienes de subsistencia y bienes de lujo.
Hayamos que el capital constante de II es igual al capital variable más la plusvalía de I. O lo que es lo mismo, el capital fijo de la rama de producción “bienes de consumo” es igual al valor de las mercancías consumidas por obreros y capitalistas del sector I. Así, la escala de producción no varía de un año al siguiente.
Dividimos el ingreso en 3 partes: lo que el capitalista debe “reinvertir” en medios de producción, lo que usa para consumir (la plusvalía) y lo que usa el obrero para consumir (el salario). A su vez, volvemos a encontrar la misma división en la rama productiva contraria, por lo que tenemos una división en 6 partes del Ingreso total. Este conjunto es la demanda total de mercancías en un sistema.
Con ello se construye el plan de reproducción que es en esencia un expediente para mostrar la estructura de la oferta y la demanda en el capitalismo (al observarse las relaciones entre I y II). Constituye un armazón para la investigación ulterior.
Pero esta simplificación nos separa de la hipótesis inicial de que el fin último del capitalista es su enriquecimiento y nunca los valores de uso de las mercancías: el capitalista transforma gran parte de la plusvalía en capital adicional, lo que le permite generar aún más plusvalía… y así sucesivamente. Esto es la acumulación de capital.
Con ella, Marx desarrolla un plan de reproducción ampliada, en contraste con la reproducción simple. No sólo se toman en cuenta las relaciones de ofertas y demandas, sino también la acumulación de capital. Así mismo, se produce un aumento paulatino en el capital variable, es decir un aumento en la demanda de fuerza de trabajo (en la oferta de empleo, si se prefiere). Pero la fuerza de trabajo no está sujeta a las leyes normales de oferta y demanda: no existe una industria de la fuerza de trabajo.
En concreto, debido a la acumulación de capital, se observa una tendencia inequívoca a la elevación de salarios, pero Marx intuye que esta tendencia al alza nunca puede llegar a poner en peligro al sistema mismo. Pero ¿qué hace que la plusvaía y la acumulación de capital sigan siendo año tras año la esencia del sistema? La solución que da es lo que denomina el “ejército de reserva” del trabajo. Se trata de los parados temporales, que con su competencia en el mercado de trabajo, tiran de los sueldos hacia abajo. Esto explica, por ejemplo, cómo la apertura de un nuevo mercado o una nueva industria, al vaciar el ejército de reserva, provoca una época de salarios al alza. Este movimiento se detiene cuando el trabajo excedente que nutre al capital no suministrado con normalidad. En ese momento, el capitalista reduce la parte de plusvalía que transforma en capital, la acumulación se retrasa, y fin del asunto. He aquí una de las causas frecuentes de la crisis: la reorganización del “ejército de reserva”, el reajuste.
Teoría del Desarrollo Capitalista. Capítulo IV Plusvalía y Capitalismo.
En un sistema primitivo de producción, se sigue una relación M-D-M (se produce una mercancía, se cambia por dinero, y este se cambia por otras mercancías). En el capitalismo, el capitalista sigue la fórmula D-M-D (Se tiene dinero, se compra una mercancía –la fuerza de trabajo de el obrero- se produce otra mercancía, y esta se cambia por dinero). Pero la última D debe llamarse D’, pues es siempre mayor que la primera D. Lo que diferencia a D de D’ es la plusvalía. Constituye el ingreso total del capitalista y suministra “el fin directo y el incentivo determinante de la producción”. Nótese que además, en el primer caso, el productor y el trabajador son la misma persona, mientras que en el ejemplo segundo, el capitalista es dueño de los medios de producción, y el trabajador vende su fuerza de trabajo como otra mercancía.
Marx descubre que el valor de la fuerza de trabajo equivale al valor de los medios de subsistencia del propio trabajador. Ese gasto más el gasto en maquinaria y materiales es el que el capitalista desembolsa inicialmente. Al conjugar dichos elementos comprados, se obtiene una mercancía producida, que se lanza al mercado a su precio correspondiente. Pero ¿cuándo se ha producido el aumento de valor entre D y D’?
Suponiendo que el precio de los medios de subsistencia del trabajador para un día se corresponden con el valor de lo que el obrero produce en 6 horas. En ese tiempo, los gastos de maquinaria, materiales y salario se cubren con la venta de la mercancía producida. Pero si el trabajador tiene una jornada de 12 horas, las 6 últimas ha estado produciendo “más allá” de lo necesario para subsistir y pagar el gasto de maquinaria y materiales. Ese exceso es la plusvalía, que el capitalista toma para sí.
El valor total de una mercancía se divide en tres partes: el capital constante o c (el gasto de maquinaria y materiales empleado), el capital variable o v (el precio la fuerza de trabajo empleada para su producción, que incluye además una parte de “trabajo adicional”), y la plusvalía o p.
De forma que c + v + p = valor total.
La misma formula sirve para determinar el valor de toda la producción de un determinado período de tiempo (e incluso de toda la economía).
Con las mismas variables podemos hallar otras fórmulas como la “tasa de plusvalía” (p’, cociente entre la plusvalía y el capital variable) que es en sí misma una “tasa de explotación” pues explica la cantidad de trabajo excedente se produce con respecto al trabajo necesario; la composición orgánica del capital (o) (relación entre el capital fijo y el capital fijo más el variable) que nos da una idea del grado de “tecnificación” del trabajo; la tasa de la ganancia (g) (la plusvalía dividida entre “el gasto”) que es la tasa crucial para el capitalista.
Surge aquí un problema: siguiendo las anteriores afirmaciones matemáticas obtenemos que g = p’ (1 - o) pro hayamos también que, a distinta composición orgánica del capital, se produce una distinta tasa de ganancia. Se resuelve que, de ser igual la composición orgánica del capital en todas partes, nada pondría freno a la sobre-explotación, por lo que esta paradoja tiene por fin el ocultar u enmascarar la esencia del capitalismo.
Teoría del desarrollo capitalista. Capítulo III El Problema del Valor Cuantitativo
Marx presupone, al comenzar el desarrollo de la teoría, que las mercancías se intercambian en relación de “uno por uno” siempre que el tiempo de trabajo empleado para su producción ha sido el mismo. Las distintas desviaciones de este principio nos acercarán más a la realidad.
En primer lugar, se toma en consideración sólo el trabajo “socialmente necesario” (no se vende más cara una mercancía cuanto más perezoso es el trabajador o más trabajo le cuesta). Esto es, se toma en cuenta el nivel “medio” de gasto necesario de trabajo social en una situación de normalidad.
Por otro lado, el trabajo cualificado, superior al socialmente necesario, sólo genera un aumento del valor en tanto que supone trabajo simple intensificado o multiplicado.
Esta superioridad puede deberse a causas naturales (en cuyo caso, el trabajador más hábil, A, puede ser comparado con otro, B, en el mismo puesto de trabajo, y la correlación numérica de su productividad nos dará fácilmente la solución al problema de la producción de valor), o bien puede deberse a un mayo entrenamiento (en cuyo caso, el trabajador A, debe ser remunerado no sólo en función de sus horas de trabajo, sino en función de las horas que invirtió en “entrenar” o “aprender”). Con ello, Marx se permite reducir el trabajo cualificado a trabajo simple (multiplicado, como dijimos antes).
Se analiza el papel de la competencia como función reguladora: en efecto, las circunstancias para que el cambio se produzca en función del tiempo de trabajo, son las mismas que exige la ley de la oferta y la demanda: libertad para que el trabajador puede elegir libremente el puesto de trabajo. Oferta y demanda sólo se equilibran (y obtienen, por tanto un valor de mercado IGUAL a su valor real) cuando el precio de cada mercancía es proporcional al tiempo de trabajo empleado en su producción. Se ejemplifica bien con el ejemplo de los cazadores de castores y ciervos de Adam Smith (cada castor se cambia por dos ciervos, pues se tarda en cazar justo el doble, y se cumple la norma siempre que los cazadores sean libres de optar por el trabajo que prefieren).
A la demanda no se le aplica aparentemente un exhaustivo análisis, pero vemos que siguiendo con el ejemplo de ciervos y castores, puede existir más demanda de ciervos si estos proporcionan alimento básico y menos de castores si estos sólo sirven para fabricar sombreros. Por tanto, además de saber el costo relativo en trabajo, tenemos que saber la intensidad relativa de la demanda. Con ello podemos establecer el “equilibrio económico general de la sociedad”.
Pero se hace hincapié en que la demanda del mercado está dominada por la distribución del ingreso, y además, Marx busca los motivos del cambio, la transformación del sistema, y por tanto todo lo que es relativamente estable (y las necesidades lo son) queda relegado a un segundo plano (que no ignorado). Sucede lo mismo con Schumpeter y Keynes, la demanda sólo es abordada desde la perspectiva del ingreso.
Con todo lo anterior podemos definir la Ley del Valor de Marx como aquella que resume las fuerzas actuantes (la productividad del trabajo en distintas ramas de producción, y la norma de las necesidades, modificada como vimos por la distribución del ingreso) en una sociedad productora y que regula:
1.- las proporciones del cambio de mercancías
2.- la cantidad producida de cada una
3.- la asignación de la fuerza de trabajo a las diferentes ramas de producción.
Y encontramos también unas fuerzas equilibradotas dentro del mercado: la oferta y la demanda.
Es en sí misma una forma de “teoría del equilibrio general”, pero cuando Marx indaga sobre el porqué de ese equilibrio no planificado, pero tampoco arbitrario, haya la “ley de la planeación”, según la cual, el equilibrio se alcanza cuando la asignación de la actividad productiva si se da de forma planeada y consciente: aquí se inicia la idea de la economía planificada socialista.
Teoría del desarrollo capitalista. Capitulo II el problema del valor cuantitativo.
El 1er capítulo de El Capital, “las mercancías” define éstas como aquello que el productor utiliza para cambiarlo, no para uso propio, por lo general. El pensamiento económico clásico (Adam Smith) nos dice que existe una relación directa entre la aparición de la división del trabajo como característica específica del ser humano (social) y el cambio, pues ve el cambio como algo inherente al ser humano.
Marx no niega la trascendencia de la división del trabajo, pero se distancia de Smith en la medida en que encuentra errónea la correlación entre ambos conceptos, división del trabajo y cambio. La producción de mercancías no es la única forma posible de economía, y por tanto para Marx esta materia entra dentro de la investigación histórico-social: ya no forma parte de la naturaleza humana.
Marx añade, al problema del valor de cambio (relación cuantitativa) de Adam Smith, el problema del valor de uso, derivado de una relación cualitativa, históricamente condicionada, entre productores.
En este capítulo se analiza el problema del valor cualitativo. Las mercancías tienen, según Marx, un doble aspecto aún hablando del valor cualitativo: valor de uso y de cambio.
El valor de uso expresa una cierta relación entre el consumidor y el objeto consumido. Esto no supone una relación social (no entra en el campo de la economía política ni, de hecho, del valor cualitativo), pero es un requisito fundamental del consumo y por tanto no se excluye de la cadena causal de los fenómenos económicos.
El valor de cambio expresa la relación cuantitativa entre cosas, pero es también de gran importancia social: es lo que convierte los objetos producidos en un acto social, donde los productores producen los unos para los otros. El cambio de mercancías es un cambio entre productos del trabajo humano, en una sociedad basada en la división del trabajo, donde los productores trabajan de forma independiente. Los productos no tienen valor de cambio: SON valor de cambio, en tanto que, descubre Marx, el trabajo es la sustancia del valor, es el valor que hay oculto tras el valor de cambio.
A la mercancía como valor de uso corresponde el trabajo como “trabajo útil” (el sastre que crea una prenda). A la mercancía como valor mismo, le corresponde el “trabajo abstracto”, esto es, el trabajo humano en general.
El trabajo abstracto, insiste Marx, es aquel que no diferencia a unos empleos de otros, que no distingue entre características concretas. Es lo común a toda actividad humana productiva. Esta reducción o simplificación no es arbitraria, es esencial al sistema capitalista: existe una relación esencial entre el “trabajo en general” y la generación de riqueza, más allá del empleo de cada individuo. Y de hecho es una sociedad donde el empleo individual es cambiante: todos cambian de puesto e incluso de sector laboral… ninguna sociedad salvo la capitalista ha llevado la movilidad del trabajo tan lejos.
Por otra parte, todas las mercancías, individualmente, absorven una parte del total de la fuerza de trabajo disponible en la sociedad. Cada mercancía es trabajo abstracto materializado, y eso pone en relación lo cuantitativo con lo cualitativo: el trabajo abstracto es susceptible de medida en términos de unidades de tiempo.
Por otra parte, Marx desarrolla, llegado este punto, su teoría sobre “el carácter fetichista de las mercancías”. En este pasaje célebre Marx mostraba que nuestra visión del mundo no está simplemente mediatizada o engañada por lo imaginario. Sostenía, al contrario, que las relaciones sociales que establece el fetichismo de la mercancía constituyen la estructura misma de la sociedad, es decir que sin esta "construcción" no hay relación posible, no hay realidad posible.
Marx utiliza la teoría del fetichismo para desmontar el supuesto carácter natural de la economía política : las condiciones que hacen necesaria la objetivación fetichista de la relación social son enteramente históricas, no hay nada en ello de natural ni de eterno. Se trata de un proceso cuyo elemento decisivo se revelará ser la transformación de la fuerza de trabajo en mercancía, el trabajo asalariado. El carácter "místico" de la forma-mercancía, nos dice Marx, no proviene ni de su valor de uso (el trabajo útil produce objetos que poseen propiedades por las cuales satisfacemos nuestras necesidades) ni del contenido de la determinación del valor (el trabajo es simple gasto del ser humano y la determinación de la medida del valor es el tiempo), sino que proviene de su "forma" misma. esto quiere decir que no existe un más allá sustancial del valor de uso y del valor de cambio que analizan la mercancía. Marx encuentra en el fetichismo una estructura de "quid pro quo", se toma una cosa por otra: la relación social determinada de los hombres mismos toma la forma fantasmagórica de una relación entre las cosas.
Inmigrante e inmobiliaria empiezan igual...
Sé que es un juego de palabras algo infantil, pero dice mucho de lo que estamos viviendo: aquí hace cosa de 7 u 8 años vivíamos en un país donde asistíamos atónitos a una carrera contra-reloj a ver quién construía más. La economía iba muy bien, especialmente porque los que se hinchaban a caviar y se esnifaban el dinero, tenían pocos gastos en lo referente a los sueldos de sus empleados.
Junto a mi casa, desde hace 2 o 3 años y hasta hace muy poco, en la Plaza Elíptica, podías ver, si madrugabas, un auténtico mercado de esclavos. Allí, gentes subsaharianas, latinoamericanas, marroquíes, o de Europa del Este (así de sencillo era hablar de ellos, qué lástima), esperaban a que alguna furgoneta, con el logotipo de una constructora, les ofreciera, con un grito desde la ventanilla, una (¡una!) jornada laboral completa (completísima: desde las 7 de la mañana hasta bien entrada la noche) por una ridícula cantidad de dinero. Si la cantidad no estaba tan mal, muchos de los demandantes de empleo se avalanzaban y el ofertante seleccionaba con el dedo el que le parecía mejor ("prefiero al negro, que los sudacas son muy vagos", se decían a sí mismos los encargados de las obras). Si el dinero que ofrecían era ridículo, daba igual, siempre había uno o dos dispuestos a rebajarse. Total, no iban a encontrar otra cosa, salvo que se pusieran a robar por el centro de Madrid.
Sobre las 9 de la mañana ya no quedaba nadie. La ciudad ya había despertado, y los que no habían encontrado un amo al que servir, se iban a buscarlo ellos mismos a las obras. Los que se iban a trabajar a esas horas ya no veían nada. La mayoría seguro que ni siquiera se han enterado aún hoy. Y algunos, aún así, te sueltan el consecuente "qué más da, lo que tienen que hacer si no encuentran trabajo es irse a su puto país".
No son pocos los que lo dicen: el Ministro de Trabajo y contra la inmigración ya ha adelantado el eje fundamental de sus políticas: los contratos en origen, que se vayan reduciendo hasta llegar a 0, que los españoles estamos primero y la cosa se está poniendo muy chunga. Así, los inmigrantes que vengan lo harán de forma ilegal. Y con esos, ya tenemos la solución, la UE nos lo ha puesto en bandeja: a la cárcel, por ilegales.
Si se quita uno los prejuicios hippies y buenrrollistas, parece un argumento racional: si vivimos una crisis, entonces lo de que nos quitan el trabajo parece cobrar sentido. Pero pensándolo un poco mejor (si es que nos quedan fuerzas) nos damos cuenta de que estamos pidiendo que paguen los mismos dos veces (hasta ahora, con los mercados de esclavos, y desde ahora con las "políticas restrictivas" o de cerrojazo). Si seguimos dándole vueltas, nos daremos cuenta de que además, el tinglado sirve para que el currante indígena se contente (así tengo menos posibilidades de irme yo al paro) y no se dé cuenta de que le han estado robando y maltratando antes, le están robando y maltratando ahora, y le van a seguir robando y maltratando desde ahora.
La tomadura de pelo es mayúscula: si la economía va muy bien, nos estrangulan a base de hipotecas y precariedad, pero nos hacen poner buena cara, porque siempre puede ser peor (siempre podrías ser tú el inmigrante). Si la cosa va mal, los inmigrantes se hunden los primeros y los nativos... ah! seguiremos pagando las hipotecas, con nuestros trabajos de mierda, y rodeados de la misma degradación.
En el fondo, me gustaría que se fueran todos los inmigrantes... así, veríamos qué nuevos y estúpidos argumentos nos enseñan en la tele para justificar el pisoteo al que estamos sometidos. Y algunos podríamos decir: "¿ves como no era cosa de los inmigranes?¿ves como los culpables eran otros?".
Lo más llamativo de todo es que, vaya bien la cosa o vaya mal, existen unos que no lo van a pagar nunca: los culpables. Los dueños de constructoras e inmobiliarias ya se han forrado. Les da igual cerrar la empresa que mantenerla mediante otro tinglado igual de putrefacto que el ladrillazo.
Inmigrantes e inmobiliarias empezaron de la mano (de la mano que el amo tendía al esclavo), pero acaban sus caminos de manera diferente. O mejor dicho, igual que siempre
Teoría del desarrollo capitalista. Capítulo 1. El Método de Marx
A priori Marx no se diferencia demasiado de sus antecesores clásicos y sucesores neoclásicos en materia metodológica: se utiliza el método abstractivo-deductivo, e incluso, según algunos teóricos, el métodode las aproximaciones sucesivas (se va de lo más abstracto a lo más concreto evitando simplificaciones en las etapas intermedias).
Pero las diferencias se descubren pronto: el método empleado no rinde conocimiento en sí mismo, y por tanto es la forma de aplicarlo la que determina las singularidades de cada autor (qué se abstrae y qué no, etc…).Los economistas no siempre están de acuardo entorno a las dos grandes premisas básicas de la investigación: qué se examina y cuáles son sus elementos esenciales. Y el objetivo de Marx es radicalmente distinto al de los autores no marxistas: “poner al desnudo la ley económica del movimiento de la sociedad moderna”
Además, en el caso de Marx, tenemos bastante información para averiguar cómo y porqué selecciona unas determinadas hipótesis a partir de las cuales decide qué es esencial para la investigación y qué no: durante sus años port-universitarios descubrió que no había formado una opinión clara sobre el socialismo, y se dedicó a estudiarlo e investigarlo, formándose una preocupación en torno a la sociedad como conjunto, y especialmente los procesos de cambio social.
Así, para Marx la economía política no es importante por sí misma, sino porque en ella reside el ímpetu del cambio social: la clave del cambio se encuentra en los movimientos del modo de producción.
Siguiendo a Hegel, para averiguar los aspectos elementales del problema, se quedó con aquellos que hacían énfasis en el proceso y el desarrollo a través del conflicto entre fuerzas opuestas o contradictorias. Pero lo hizo siguiendo los conflictos históricos relacionados con el modo de producción, llendo siempre a la raíz de los mismos. Estos son los conflictos de clase. Los elementos a abstraer, por tanto, son las relaciones económicas esenciales, las que están “debajo” y se expresan como conflictos de clase.
En realidad ya otros economistas habían tomado, más o menos, esta dirección, como Ricardo, pero Marx era el primero en identificar el capital como “la fuerza que todo lo domina en la sociedad burguesa”, y esto llevaba de forma lógica a que la relación económica fundamental no era, como para Ricardo, la de capitalistas industriales y terratenientes, sino la de capitalistas y obreros.
Así, las demás relaciones sociales deben apartarse en un primer momento, aunque en una fase posterior del análisis se reintroduzcan una a una, y y en cuanto a la relación capital-trabajo, debe reducirse a su forma más elemental. Para Marx, esta forma es la que surge en la esfera de la producción industrial, al ser la más importante de la sociedad burguesa. La relación de cambio (salario por fuerza de trabajo) es por tanto el punto de partida de la investigación. Así, el volumen I de El Capital se mantiene en un alto grado de abstracción, llevando por título “las mercancías”.
Las conclusiones de este Volumen I son provisionales: a menudo son modificadas al descender a niveles de menor abstracción, pero un análisis aislado y descontextualizado de esta parte de El Capital ha llevado a grandes y absurdas controversias. Los Volúmenes II y III sirven para incluir en el análisis algunos factores conscientemente omitidos antes, es decir, el análisis avanzaba hacia niveles de abstracción progresivamente más bajos.
La validez de los elementos fundamentales utilizados por Marx queda probada a tenor del carácter histórico de su método científico: si se acepta que la realidad social cambia y además puede ser cambiada, entonces se adopta una actitud histórica de la ciencia social, y además una actitud crítica ante toda forma de sociedad, incluida la actual, rasgo que el marxismo no comparte con las demás formas de pensamiento social.
Es ese rasgo del marxismo, la consideración de que el sistema capitalista es también transitorio, la que le confiere la capacidad única de analizar el sistema “desde fuera” y criticarlo en su conjunto
Breve ensayo sobre la globalización
Analicemos la definición más despacio, pues encontraremos en ella los principales problemas que nos plantea, así como su significado verdadero, más allá de la definición enciclopédica:
- Es un PROCESO: En efecto, no es un hecho aislado; no es un suceso concreto; no es el crack del 29, ni la crisis del petróleo de principios de los 70 (hablaremos de esto más adelante), ni el atentado contra el World Trade Center. Es un proceso, y como tal, ni ha terminado, ni es inamovible (o sea, puede detenerse). No sabemos con exactitud dónde terminará o cuándo se detendrá, ni sabemos si dará marcha atrás o no. Pero podemos contemplar todas las posibilidades mencionadas o supuestas.
- Es un proceso de TRANSNACIONALIZACIÓN: Transnacionalización o mundialización, pero no internacionalización. Es decir, es un proceso con carácter des-nacionalizador, donde determinados elementos de la construcción nacional-estatal, especialmente el elemento fronterizo, tienden a evaporarse. El proceso, por tanto, impregna a los estados, los asume, los absorbe, pero no los integra. No nace de un acuerdo multilateral mundial entre estados; no es la ONU, ni la SDN. Al respecto tenemos un ejemplo claro: el poder político democrático de determinados estados queda transformado en papel mojado ante las decisiones de un desconocido y enigmático “poder superior”, transnacional, sobre el que los ciudadanos no toman decisiones.
- Transnacionalización de los FLUJOS SOCIALES: Entendemos por flujos sociales, siguiendo un modelo aristotélico de análisis, los 4 elementos “naturales” que dan origen a lo que llamamos sociedad: la economía (división del trabajo, en términos primitivos), la política (la toma de decisiones, o mejor, la “parte encargada de definir, expresar y articular los comportamientos colectivos de obligado cumplimiento”), el lenguaje normativo (la Ley, pero también los demás códigos compartidos) y la cultura (o para ser más exactos, la religión[1], en el sentido secular, si cabe, de la palabra). Todo ello queda cada vez más supeditado a ese gran poder transnacional.
- Es ECONÓMICAMENTE OBLIGATORIO: En 1944/45, en Breton Woods, se crean una serie de agentes económicos mundiales que dictan cómo deben actuar los países desarrollados para salvaguardar la estabilidad económica del planeta. Se crean el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el GATT (ahora Organización Mundial del Comercio), y se acuerda: la exclusividad de las autoridades eonómicas para emitir moneda, siempre respaldada por el oro de Fort Knox; la paridad de todas las monedas con el Dólar Estadounidense, dentro de unos márgenes fijos; y se obliga a la ecuación keynesiana según la cual el ahorro nacional es siempre igual a la inversión nacional, fijándose tipos de interés muy bajos, y siendo obligatorio mantener el ahorro nacional dentro del país (la no evaporación de capitales nacionales hacia el exterior).
Pero los problemas de acumulación capitalista surgen pronto: a principios de la década de los 70, estos valores keynesianos de institucionalización del capitalismo, parecen no servir: alguien ha estado poniendo en marcha la máquina de fabricar billetes a escondidas, permitiendo a los norteamericanos un nivel de vida por encima de sus posibilidades reales de crecimiento económico, debido a la hegemonía Estadounidense y del dólar en las citadas autoridades económicas y monetarias.
La subida de precio del petróleo, el agotamiento del modelo productivo de las dos décadas anteriores, la guerra de Vietnam, y las presiones sindicales (tirando de los sueldos al alza en un tiempo de pleno empleo y fuerte afiliación), “obligan” al “pobre” Nixon a declarar la NO CONVERTIBILIDAD DEL DÓLAR EN ORO.
A partir de entonces, las economías dependientes[2] empiezan a sufrir deuda externa, y las autoridades económicas destierran a Keynes para dar la bienvenida al monetarismo de Friedman y otros. El resultado es el Consenso de Washington, mediante el cual se insta a todo el mundo occidental (desarrollado, se entiende) a promover las privatizaciones contra la inutilidad del Estado, la liberalización y apertura de fronteras y la desregulación laboral. Sobre las consecuencias de esto hablaremos más adelante.
- Ha sido PERMITIDO POLÍTICAMENTE: Esto es, NADIE en el radio de acción de la hegemonía estadounidense ha puesto grandes reparos al proceso. Toda disidencia se encuentra, o bien en el lado “sur”, el lado dependiente sin voz ni voto, o bien es adecuadamente silenciado.
- Está POSIBILITADO TECNOLÓGICAMENTE: como es obvio, el desarrollo a gran escala de las telecomunicaciones y el perfeccionamiento de los transportes (especialmente los aéreos) han posibilitado esta globalización, igual que la imprenta y el ferrocarril lo hicieron anteriormente. Lo más destacable de la situación actual, es la facilidad absoluta para el movimiento de capitales: la banca virtual e internet permiten grandes movimientos instantáneos de capital a nivel internacional.
- Tiene lugar en un contexto de HEGEMONÍA DE LOS E.U.A.: Más allá de lo expuesto en el punto 4, hallamos aquí una de las fisuras del proceso… la hegemonía estadounidense está siendo fuertemente dañada desde la última década, por la aparición de fuerte competencia comercial y monetaria con la U.E, Japón y China; por la fuerte competencia política-hegemónica con Rusia (una vez más), y las potencias árabes; por la creciente aparición de disidentes: Latinoamérica, Oriente Próximo, etc; Y por la caída en picado de la hegemonía militar: el síndrome de Vietnam se repite en cada contienda emprendida por el ejército más grande del mundo. La primera potencia no deja de contar bajas, y encima no suma ninguna victoria clara y contundente que sea relevante.
Tenemos, por tanto el siguiente panorama: Unas autoridades económicas al servicio de los grandes capitales de las naciones más poderosas, capitaneadas por los EUA, toman las decisiones importantes de la economía mundial con el beneplácito de los países amigos.
Además, estas decisiones están DIRECTAMENTE relacionadas con el problema de la deuda externa en los países dependientes, lo que no solo no ha ayudado a paliar el hambre y la pobreza, si no que ha multiplicado el problema de forma exponencial, habiéndose producido la práctica desaparición del continente africano y una fuerte regresión económica en Latinoamérica y parte del extremo-oriente.
También se está observando un retroceso democrático a nivel mundial: de un lado, la capacidad de tomar decisiones de los ciudadanos, lo decíamos antes, ha quedado terriblemente mermada: instituciones no representativas de la voluntad popular toman hoy las decisiones que más afectan al devenir de la vida pública. Por otro lado, el proceso es en sí mismo un retorno al liberalismo económico más salvaje, en detrimento de importantísimas conquistas sociales (derechos laborales, poder adquisitivo de los asalariados, redistribución de la renta, servicios públicos de calidad, etc.).
La opinión pública mundial se está mostrando tibia frente al problema ya que la invasión de una cultura favorable a la globalización se está produciendo de manera sutil y distante: los medios de comunicación, en manos de grandes capitales (interesados en el proceso que analizamos), ofrecen una imagen de un mundo (el occidental, lo llaman) lleno de avances tecnológicos a disposición de todos, comodidades inimaginables hace poco y un ocio consecuentemente macdonalizado y disneyzado, frente a un mundo (el subdesarrollado, nos dicen) lleno de odio, hambre, y miserias, fruto de la no participación en el tren del progreso occidental, debido a unos líderes políticos terriblemente nefastos o a unas huestes populares radicales y estúpidas. Los problemas del primer mundo (precarización del empleo, precarización de los bienes de consumo, precarización de la cultura, precarización del entretenimiento, precarización de todo) se nos presentan como consecuencia de no haber terminado de avanzar, de no habernos librado totalmente de nuestro propio subdesarrollo. El mensaje es tan simple y televisivo que funciona (casi) a la perfección.
Los éxitos del movimiento altermundista como la paralización total de la reunión de poderosos en Seattle en el año 1999, o su incansable lista de originales propuestas realizables, realistas, positivas y democráticas, han pasado de causar sorpresa en el seno de las familias europeas y americanas, a quedar cada vez más ignoradas. Pero no por ello está perdiendo fuerza un movimiento que convence fácilmente a la mayoría de ciudadanos, por mucho que se lo criminalice.
Por otro lado, podemos vislumbrar el final de un proceso que no está contentando ni siquiera a todos los ricos y poderosos: en tiempo de crisis, siempre es mejor echar mano de las recomendaciones de Keynes y acudir al Estado para que nos ampare. El enriquecimiento económico en pleno liberalismo, al fin y al cabo, no está exento de ciertos riesgos que algunos no están dispuestos a asumir.
Es más que probable, por tanto, que veamos no muy tarde un cierto retorno al intervencionismo estatal. Para entonces, demasiados ciudadanos estarán cansados (como lo están ya) de la tomadura de pelo más anti-democrática que se ha vivido en mucho tiempo. La tomadura de pelo de los “expertos economistas” que nos dicen cuándo alegrarnos del un crecimiento económico sin consecuencias para la mayoría de ciudadanos y cuándo apretarnos el cinturón por las recesiones obligadas e inevitables. La tomadura de pelo de las normativas extra-nacionales contra las que no hay nada que hacer. La tomadura de pelo de la guerra preventiva. La tomadura de pelo del “Trabaja y Consume” que nos han tatuado en el cerebro. La tomadura de pelo de que no hay otro mundo posible.
[1] Religión de “Re-ligar”, como fin último de la sociedad, la superación del miedo a la muerte, la necesidad de trascendencia…
[2] Sistemas con un rol periférico de producción de materias primas con bajo valor agregado, en tanto que las decisiones fundamentales se adoptan en los países centrales, a los que se ha asignado la producción industrial de alto valor agregado.
¿John Obama o Barack McCain?

Obama parece estar arrasando a nivel mediático, especialmente (como es lógico) allá donde el voto demócrata está más concentrado. Las calles de Nueva York parecen estos días un spot publicitario constante, donde el candidato afro-americano es el único futuro presidente que pueden elegir los ciudadanos. el júbilo se ha desatado, en todas partes la gente cuelga carteles de sus propios valcones con la leyenda "Obama for President" o simplemente "Barack Obama" junto a la enseña nacional.
Vaya por delante que a priori me alegra que Obama sea el favorito y, en principio, le prefiero a su adversario, heredero de Bush y el republicanismo ultra-conservador. Pero pensándolo mejor ¿Por qué voy a preferirle? A parte de criticar a George W. Bush, ¿ha explicado este candidato su programa? ¿Conoce alguien algún eslogan que no sea "Obama presidente"? ¿Tenemos alguna pista sobre las decisiones que va a tomar si llega a la presidencia? Dice que gobernará de forma diferente a Bush, pero ¿gobernará de forma diferente a McCain?
La actual etapa "democrática" es denominada por muchos "democracia de audiencia" o "de opinión publica", porque el peso de la gobernabilidad no recae sobre el programa político ni la estructura organizativa global de el(los) partido(s) sino en el Super-Lider mediático: secretario general, número uno de la lista, presidente del partido, voz cantante, rostro en el cartel.
Es un modelo menos democrático que el anterior, en el que lo importante era cómo la estructura del partido lograba consensuar un programa político que EL PARTIDO defendía: se votaba a las siglas, al programa, independientemente de la cúpula poderosa que tuviera el partido (fruto de una necesaria burocratización del mismo). La aparición de los medios de comunicación de masas y el desarrollo de sistemas partidistas más "encorsetados" dilapidaron el desarrollo democrático en favor de un regreso a un sistema más personalista, corporativista,"marketinizado" y hasta caciquil si se quiere.
Los ciudadanos, desde entonces, con poca afiliación política o sindical, rara vez votan por convicción en un programa político. Votan a aquel líder que les inspira mayor confianza, el que parece menos ladrón de los dos, el que aparentemente miente menos, el que resulta más simpático, atractivo, el que conecta con uno, el que es "de los míos".
Para colmo, si hiciéramos una encuesta para saber cómo se posicionan ideológicamente los europeos de 0 a 10 (de extrema izquierda a extrema derecha) obtendríamos seguramente este gráfico:

Vemos que la respuesta más frecuente es el puro centro: los que no se consideran ni de izquierdas ni de derechas. Sin embargo, no son mayoría. Hay más ciudadanos de izquierdas y de derechas, pero su voto está decidido y dividido entre unos cuantos partidos que representan (más o menos) sus opiniones.
Ergo, ganará el partido que logre llevarse sus "votos fijos" más un gran bocado de los votos de esa "mayoría" de centro.
Ergo, la culpa de que los partidos de centro, tan parecidos entre sí nos gobiernen con discursos huecos y sin programa, es de una ciudadanía adecuadamente adoctrinada en la no radicalización: el resultado de unas elecciónes lo decide una minoría despreocupada que elige al candidato que mejor le cae.
Pero es que además cuando estamos hablando del gobierno de los EUA, estamos hablando de nuestro propio gobierno, en la medida en que sus decisiones van a tener consecuencias (graves, por lo general) sobre nosotros mismos. Y mucho me temo que Barck McCain cambiará pocas cosas: la economía estadounidense depende en gran medida de la guerra por los constantes problemas de acumulación, y un trato ligeramente más diplomático en política exterior no va a cambiar nada en el actual panorama de poder absoluto de las grandes multinacionales.
Lo óptimo sería tal vez que los resultados de la anterior encuesta nos dieran como resultado un gráfico en forma de M de McDonald's: con mayoría de ciudadanos de centro-izquierda y mayoría de centro-derecha, pero ninguno de "centro indeciso", con lo que, a la postre dejaríamos de hablar de centro, y contaríamos con una ciudadanía plenamente dispuesta a tomar decisiones, a cambiar cosas.
Pero eso, según nos han explicado, es muy peligroso.
¡Osetia del sur y Kosovo no son lo mismo!
Pero si preguntáramos a un niño resabido y listillo, uno que vé a diario las noticias y lee los periódicos, su simplona opinión sobre lo que está pasando nos llevaríamos sin duda una sorpresita. Nos diría seguramente:
"¿cómo es que la UE apoya la independencia de Kosovo, pero no la de Osetia del Sur, que refrendó su deseo de independizarse en el 2006 con un resultado electoral impactante?"
En el caso español la respuesta es sencilla: no se apoya ninguna independencia, nos pasamos por el forro la declaración de derechos humanos y eso tan feo del "derecho de autodeterminación" y punto.
Pero "¿Qué hay de los demás países que sí han apoyado a Kosovo?" nos diría el chaval ingenuamente.
Pues la cosa es sencilla: La U.E. tiene amigos, y sus decisiones de política exterior no tienen porqué seguir una estricta logica racional, sino una lógica fundamentada en los amigos. El mejor amigo de la UE, habría que explicarle al niño, son los Estados Unidos de America. Y lo que a los EUA les parezaca bien, ha de parecerle bien a la UE: Kosovo, algo parecido a una colonia yankee, era apoyado por los EUA y de la noche a la mañana el pueblo oprimido pudo liberarse del yugo ex-soviético. Por su parte, los peligrosos y radicales ciudadanos de Osetia del Sur y Abjasia pretenden independizarse de Georgia, un país cuyo gobierno es (excesivamente) amistoso con los EUA, por no decir que es un gobierno títere para controlar una región de paso de varios gaseoductos importantísimos.
"¿Entonces?" nos diría el niño "¿nosotros somos amigos de Rusia si estamos en contra de eso?". Pues no. Rusia tampoco ha reconocido la soberanía de las dos regiones hasta que no ha llegado este conflicto, por no hablar de lo que podemos decir de Vladimir Putin, su actual marioneta a la cabeza del gobierno, y todos sus amigos. La diferencia es tan sencilla como la que hay entre RACIONALISMO y FUNDAMENTALISMO: Mientras que unos pensamos en función de unos criterios, unos principios, un sistema de valores, etc.. otros sólo piensan lo que "deben" pensar. Obedecen