La diferencia entre un sistema “simple” de producción de mercancías y el Capitalismo es la plusvalía.
En un sistema primitivo de producción, se sigue una relación M-D-M (se produce una mercancía, se cambia por dinero, y este se cambia por otras mercancías). En el capitalismo, el capitalista sigue la fórmula D-M-D (Se tiene dinero, se compra una mercancía –la fuerza de trabajo de el obrero- se produce otra mercancía, y esta se cambia por dinero). Pero la última D debe llamarse D’, pues es siempre mayor que la primera D. Lo que diferencia a D de D’ es la plusvalía. Constituye el ingreso total del capitalista y suministra “el fin directo y el incentivo determinante de la producción”. Nótese que además, en el primer caso, el productor y el trabajador son la misma persona, mientras que en el ejemplo segundo, el capitalista es dueño de los medios de producción, y el trabajador vende su fuerza de trabajo como otra mercancía.
Marx descubre que el valor de la fuerza de trabajo equivale al valor de los medios de subsistencia del propio trabajador. Ese gasto más el gasto en maquinaria y materiales es el que el capitalista desembolsa inicialmente. Al conjugar dichos elementos comprados, se obtiene una mercancía producida, que se lanza al mercado a su precio correspondiente. Pero ¿cuándo se ha producido el aumento de valor entre D y D’?
Suponiendo que el precio de los medios de subsistencia del trabajador para un día se corresponden con el valor de lo que el obrero produce en 6 horas. En ese tiempo, los gastos de maquinaria, materiales y salario se cubren con la venta de la mercancía producida. Pero si el trabajador tiene una jornada de 12 horas, las 6 últimas ha estado produciendo “más allá” de lo necesario para subsistir y pagar el gasto de maquinaria y materiales. Ese exceso es la plusvalía, que el capitalista toma para sí.
El valor total de una mercancía se divide en tres partes: el capital constante o c (el gasto de maquinaria y materiales empleado), el capital variable o v (el precio la fuerza de trabajo empleada para su producción, que incluye además una parte de “trabajo adicional”), y la plusvalía o p.
De forma que c + v + p = valor total.
La misma formula sirve para determinar el valor de toda la producción de un determinado período de tiempo (e incluso de toda la economía).
Con las mismas variables podemos hallar otras fórmulas como la “tasa de plusvalía” (p’, cociente entre la plusvalía y el capital variable) que es en sí misma una “tasa de explotación” pues explica la cantidad de trabajo excedente se produce con respecto al trabajo necesario; la composición orgánica del capital (o) (relación entre el capital fijo y el capital fijo más el variable) que nos da una idea del grado de “tecnificación” del trabajo; la tasa de la ganancia (g) (la plusvalía dividida entre “el gasto”) que es la tasa crucial para el capitalista.
Surge aquí un problema: siguiendo las anteriores afirmaciones matemáticas obtenemos que g = p’ (1 - o) pro hayamos también que, a distinta composición orgánica del capital, se produce una distinta tasa de ganancia. Se resuelve que, de ser igual la composición orgánica del capital en todas partes, nada pondría freno a la sobre-explotación, por lo que esta paradoja tiene por fin el ocultar u enmascarar la esencia del capitalismo.
Hace 13 años
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