Teoría del Desarrollo Capitalista. Capítulo V La Acumulación y el Ejercicio de Reserva

Marx, siguiendo a Quesnay, pone su atención en lo que denominan la Reproducción Simple, esto es, una observación del funcionamiento del sistema en unas condiciones de inmovilidad (esto es, los capitalistas reponen cada año el capital gastado y emplean toda la plusvalía en el consumo, y los obreros gastan todo su salario también en el consumo).

Se parte del supuesto de que existen 2 ramas productivas: medios de producción (I) y bienes de consumo (II), y a su vez éstos en bienes de subsistencia y bienes de lujo.

Hayamos que el capital constante de II es igual al capital variable más la plusvalía de I. O lo que es lo mismo, el capital fijo de la rama de producción “bienes de consumo” es igual al valor de las mercancías consumidas por obreros y capitalistas del sector I. Así, la escala de producción no varía de un año al siguiente.

Dividimos el ingreso en 3 partes: lo que el capitalista debe “reinvertir” en medios de producción, lo que usa para consumir (la plusvalía) y lo que usa el obrero para consumir (el salario). A su vez, volvemos a encontrar la misma división en la rama productiva contraria, por lo que tenemos una división en 6 partes del Ingreso total. Este conjunto es la demanda total de mercancías en un sistema.

Con ello se construye el plan de reproducción que es en esencia un expediente para mostrar la estructura de la oferta y la demanda en el capitalismo (al observarse las relaciones entre I y II). Constituye un armazón para la investigación ulterior.

Pero esta simplificación nos separa de la hipótesis inicial de que el fin último del capitalista es su enriquecimiento y nunca los valores de uso de las mercancías: el capitalista transforma gran parte de la plusvalía en capital adicional, lo que le permite generar aún más plusvalía… y así sucesivamente. Esto es la acumulación de capital.

Con ella, Marx desarrolla un plan de reproducción ampliada, en contraste con la reproducción simple. No sólo se toman en cuenta las relaciones de ofertas y demandas, sino también la acumulación de capital. Así mismo, se produce un aumento paulatino en el capital variable, es decir un aumento en la demanda de fuerza de trabajo (en la oferta de empleo, si se prefiere). Pero la fuerza de trabajo no está sujeta a las leyes normales de oferta y demanda: no existe una industria de la fuerza de trabajo.

En concreto, debido a la acumulación de capital, se observa una tendencia inequívoca a la elevación de salarios, pero Marx intuye que esta tendencia al alza nunca puede llegar a poner en peligro al sistema mismo. Pero ¿qué hace que la plusvaía y la acumulación de capital sigan siendo año tras año la esencia del sistema? La solución que da es lo que denomina el “ejército de reserva” del trabajo. Se trata de los parados temporales, que con su competencia en el mercado de trabajo, tiran de los sueldos hacia abajo. Esto explica, por ejemplo, cómo la apertura de un nuevo mercado o una nueva industria, al vaciar el ejército de reserva, provoca una época de salarios al alza. Este movimiento se detiene cuando el trabajo excedente que nutre al capital no suministrado con normalidad. En ese momento, el capitalista reduce la parte de plusvalía que transforma en capital, la acumulación se retrasa, y fin del asunto. He aquí una de las causas frecuentes de la crisis: la reorganización del “ejército de reserva”, el reajuste.

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